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^EVISTA

DE

SUD-AMERICA.

ANAL£S LA SOC D

DE

AMIGOS DE LA ILUSTRACION.

、、ち TOMO IIL

VALPARAISO

IMPKENTA DEL UNIVERSO DE G. HBLFMANN,

1862"

Harvar'^ 一-,,、

library

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Archibr'" r-,.. Coolidge

Clarf^ u- -nard Hay ん、 ,''' 'つ ' i909.

INDIGE ALFABfiTlCO

DE LOS AUTORBS Y MATERIAS CONTENIDAS EN ESTE TOMO.

4

Ahbbosoli, Abistides:

Organizacion de las escnelas pri- marias, 42, 84, 170, 227, 266, 872

Babros Abana, Diego:

£1 padre Helchor Martinez 7

Don Francisco A. Pinto 212

Don Joaquin Prieto 884

Blanchbt, Adbiako:

Eetudios sobre ks contribudo- Des directas 1, 66

Befonna de la administracion de jnsticia 682

Blest Gana, Guillbrmo:

AH. B 610

Poesias 686

Bbuhnbb, Juan:

A mi moribundo amigo C. Otto. 163

Lo6 enigmas 220

Empirismo y especulacion 872

Camacho, Juan Vwjbnte:

Un banquero como hai pocos... 841

A mi hiji ta 620

FrobemoB de nuevo 662

Bolivar 627, 666

Camacho, Simon:

Misdientes …-. 221

El msfom 560

(Ubbasgo Albano, Alejandro :

Programa de la democracy ara- gonesa 449

Galto, Daniel: La hora de dolor 776

Castillo, Manuel: America 764

Chacon Bebnabis :

Cancion 68

Campafia de Atauco 4,

144, 198, 806/426, 605, 618, 676

La armada nacional 667

Soneto "718

A mi hermaiio Jacinto 52

Revista de la qninoena 687

Chacon, Jacinto:

Jiro de la educacion en Chile..., 577 Literatura sagrada 624

Clebet, Alfonso :

Luz 0 tinieblas 486

GoRDOviSs, Simon :

Fibula 746

GOBPANCHO, MaNXTEL NiCOLAS:

Poesias in^tas de Ohnedo, 529, 647

Diaz Gana, Bonifacio:

Viaje de Gopiap6 a Chanarcillo..

105, 164

Un tipo de mujer 65S

Dbbmadbtl, a. :

Descubrimiento^cientffico 746

EcHENiQUE, Juan Ma&tik:

A America 464

Fajahdo, HebaoiiIo:

La xnnj^ ibandobada 298

Fbiab, Abtemok :

Supresion de los derechos de es- portacion 628

Frias, Felix:

Las ruinas de Mendoza

REVISTA SUD-AMERIGA.

84

Gana, Ionaoio Luu:

El cabotaje y la marina mercante 641 Gonzalez IUimundis, Octavio:

El carbon de piedra 609, 714

GuTiEBBEz, Juan Maria :

Poesiius M 574

Labriva, Juan Francisco:

M^jico y Espaoa 468

Lavalle, Jos Antonio:

O'Higgins, marques de Osomo... 158

Lopez, Enrique:

Apuntee de viaje 15, 861

Vapores para Magallanes 129

La fieklsa y la verdadera poUtica. 499

Mabik del Solar, Mebcedeb:

Don Manuel Vicuna 694

Duloe 68 morir 674

Mabquez, JosA Abnaldo:

Notas perdidas 668

MxNBBES, Juan Fbangisoo:

Don Jose Tomas Ovalle 457

Mera, Juan Leon:

La Vfrjen del Sol.. 29, 117, 184, 261 MiQUEL, Manuel:

La iQstruccion comercial en Chile, 618 MuNOz, Juan Ramon :

La Union Americana

94, 177, 289, 821, 411, 705

Crdnicas de la quincena,

189, 442, 516, 667

Palma, Ricabdo:

En un "bum 104

Don Juan Maria Gutierrez. 188, 267

Dofia Dolores Yeintimilla 201

Justos y pecadores 294

Anales de la Inquisicion de Li- ma 827, 885

ArmonUs del destierro 854, 647

Don Gaudio Hamerto Gaenca. . 417

Bespuesta 466

Predestinacion 466

Romance 622

A las annas 1 711

Gronicasdela quincena, 62, 814, 688

Ramallo, Mabiano:

En un ilbum 285

El nardo 805

A Elena 898

RoDBiouEZ, Zobobabel:

Era mui tarde ya! 82

La Galle Larga 279

El carro de la vida 409

Union Americana 670

BojAs, Flobidob :

AlPacffico 602

El Liceo de Valparaiso 680

Tapor6, Fbakoi6go de Paula :

Don Francisco Balmaseda 785

Tbuhbull, David :

La guerra civil en loB Estadoe

Unidos 267

Inglaterra y Estadoe iJmdoe 877

Una Madbe :

A Gopiapo 69

Hc^nenaje 484

Aniversario funebre 608

Esoonde tu dolor 784

Vicuna Mackenna, Benjamin

Don Guillermo Davie Tapper.... 686

ViouNA SoLAB, Benjamin:

A Jertrudis 288

Una lagrima 410

Historia de un boton de rosa 647

Soneto 761

La zambacueca en el Teatro 22

Historia de Italia 127

Corona funebre del Sr. Linares,

888, 441, 477

Nuestra Bociedaa ante el upre-

moGobiemo 489

REVISTA DE SUD-AlMOA.

aSo II. VALPARAISO, NOVIEMBRB 10 DE 1861. W.o I.

(articulo peimero^ )

SUMARIO. Iniiiiencia jeneral de los sistemas de hacienda. La parte adminis- trativa es secundaria, la parte legal es lo principal. Defectos del sistema ac- tual, l.o Incertidumbre de las rentaa y consecuencia que produce. 2.° Las con- tribaciones indirectas no son susceptibles de estension. 3.° Son mui costosas 4.0 Influyen en el atraso de las clases pobres. Veutajas de las contribuciones directas. —— Cual Bcria la materia impoDible. Medios para llegar a conocerla. Facilidades para llegar a realizar una reforma en ese sentido. El mejor medio para preparar la opinion puDiica a e»a reforma.

Cuando las sociedades han llegado a un cierto grado de riqueza y de prosperidad, su rejimen de hacienda es no solo uno de los ramos mas importantes del servicio publico, sino que esta llama- do a ejercer al mismo tiempo una poderosa influencia en el orden economico y moral en efecto, los impuestos contribuyen a desar- rollar o a coartar todas las fuentes de riqueza, crean un sinnume- ro de oostumbres ptiblicas, esparcen ideas dejusticia y de igualdad en todas las clases sociales : pero para que un sistema de hacien- da pueda llegar a ser una de las palancas que contribuyan al pro- greso jeneral, no solo hai que tomar en cuenta el perfecciona- miento de la parte administrativa^ sino ante todo fijar los prin- ciples que deben servir de base a la parte legal : pues ^ide que sirve un mecanismo administrative) que percibe economicamente y sin perjuicio para el fisco los impuestos y que da garantias de m bnena adrainistracion, si no est^n aquellos repartidos segun las fortunas, si las priucipales fuorzas productoras del pais no con-

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REVISTA DE SUD- AMERICA.

.tribuyen en proporcion de 8us haberes y productos, si no son sus- ceptibles de estensioti o restriccion segun las necesidades econo- micas y politkas de la sociedad?

Bajo este punto de vista haremos algunas observaciones jenera- les al rejimen tributario actual. La desproporcion entre las ren- tas de las aduanas y las de los otros ranios de entradas fiscales y la poca importancia que se da a las contribuciones directas, son los dps puntos mas notables que ofrece el estudio de nuestra ha- cienda publica. Basta un golpe de vista sobre el cuadro de las rentas jenerales desde 1831 y sobre el de las aduanas desde la misma epoca que iios ha dado la Memoria de Hacienda del pre- sente aiio, para conveucerse de la regularidad con que se ha con- servado esa desproporcion los vicios de ese sistema bajo el punto de vista de los intereses del Estado son niimei oKos y graves.

La mayor o raeuor importacion de productos estranjeros esia sometida a un sinnumero de causas accidentales, frecxientes, las mas veces imprevistas, que obran eu un lapso de tiempo mm li- mitado, someten a un movimiento constante e irregular las ren- tas fiscales y hacen imposible la prevision del aumento o dismi- nucion que esas causas deben ocasionar de modo que la incerti- dumbre y la variabilidad es el caracter dominante del impuesto que forma la base de nuestro sistema rentistico, la crisis que pesa hoi dia sobre el pais va a disminuir el consume y a poner en mas eyidencia las funestas conseciiencias de este rejimen, las que se ir&n agravando a medida que el progreso vaya aumentando las necesidades del pais. "Y como se har& frente a ese deficit f No 8er&, no, apelando a medios estraordinarios, tales como empresti- tos o nuevos impuestos, perjudiciales casi siempre, pues las cir- canstancias apremiantes en que se tiene que echar mano de ellos hace que no se consulten los intereses economicos de la sociedad, ni se estudien aquellos con la madurez suficiente a mas de que, las mas veces esos medios, creados en circuDstancias estraordina- rias y como medidas transitorias, se trasforman al fin en impues- to8 ordinaries y permanentes.

Ademas un sistema de hacienda debe de ser susceptible no solo de reduccion sino tambien de estension, sin tener que acudir a la creacion de nuevos impuestos, pues las necesidades jenerales de un Estado no pueden estar siempre sometidas al desarrollo eco- nomico de la sociedad, y a veces para acelerarlo se necesita exijir a esta sacrijficios [)a8ajero8. Nadie desconoce que 】os impuestos in-

ESTUDIOS SOBRE LAS CONTRIBUCIONES DlRECTAtS. 3

directos no tienen esa elasticidad; en efecto, es mui dificil conseguir un aumento de las rentas subiendo o bajando los aranceles, por- que si es cierto que la reduccion de los derechos trae un aumento en el consumo, tambien es cierto que ese aumento no es sino len- to y gradual, y ademas ^quien podrfi, asegurar (pie el esceao llega- r& al nivel de las necesidades?

No vacilamos en creer que el sistema de hacienda basado sobre los productos de las aduanas, es una de las numerosas causas se- candarias de anarquia que aquejan a nuestras republicas es en las epocas de ajitacion y de incertidumbre cuando sus rentas, ba- sadas sobre la importacion estan llamadas a disminuir por falta de segaridad y confianza : el Estado est&, asi, a la discrecion del impuesto y no el impuesto a la discrecion del Estado.

La administracion y la recaudacion de las contribuciones in(H- rectas son mui costosas, esto no necesita demostracion. Algunas cifras haran ver mejor la monstruoBa desproporcion que hai entre lo8 gastos que ocasionan estas y los que demandan las coDtribucio- nes directas : en Francia los cuatro impuestos directos cuestan de HQ 3 a un 4 p.§, lo mismo cuesta en Inglaterra el Income-tax, mientras que las aduanas y las contribuciones indirectas sobre los licores cuestan de un 18 a un 20 p. せ.

Vamos a poner mas en relieve los、 defectos de este impuesto, manifestando como contnbuye a mantener nuestras clases pobres en un estado de atraso y de inferioridad. Los derechos de aduana recaen en su totalidad sobre el conBumidor en proporcion de lo que necesita y no en proporcion de sus haberes, ae modo que son en gran parte los pequenos capitales y el salario los que soportan el peso de mas de la mi tad de las contribuciones pfiblicas: au- mentan el valor de los efectos y contribuyen a limitar el consu- mo. Pero ^jen que clases sociales lo limitan? en las clases pobres, pues un 15 o un 20 p.§, que no modifican en nada el presupuesto de una familia acomodada, restrinje el de una familia de artesa- D08. En nuestra sociedad donde el grado de cultura de las cla- ses inferiores arm no les ha creado esos habitos de bienestar y de comodidad que aguijonean al hombre al trabajo, que desar- roUan su intelijencia, que mejoran sus costumbres, que crean en fin esa multitud de virtudes y cualidades privadas y sociales que hacen a un pais mas productor y mas civilizado, tal sistema tri- butario tiene por fiierza que perjudicar al progreso jeneral. No pretenderaos decir que e'ste nea el linico medio de mejorar la con-

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REVISTA DE SUD-AMEKICA.

dicion de las clases.pobres, pero es uno de los que tenemos a nues- tra disposicion, pues el desarrollo material de la sociedad trae en pos de SI el desarrollo moral e intelectual la ilustracion no seria hoi dia en Europa el patrimouio de todan las clases sociales sino hubiese habido desde el siglo XVI ese inmenso desarrollo mate- rial que ha alejado hasta el infinito los limites de la actividad humana.

Organizaudo las coatnbucioiies directas obteiidreinos mas justi- cia 7 equidad ea la reparticion de los impuestos, mayores eutradas, ingresos conocidos de antemano, reutas que niiigun accidente im- previsto podra reducir, e impuestos susceptibles de esteiisioQ que daran al estado lo8 uiedios de Imcer freute a las necesidades de una gueiTa, a las crisis de la paz, y de llevar a cabi) los trabajos estraordinarios que oxije el progreso del pals.

En las socieaacles modernas hai cinco grandes fuerzas producto- ras: los inmuebles, el capital industrial, el comercial, el mueble y numerario en todas sus formas, y las profesiones liberales, que 11a- maremos capital profesional. A cada una de las rentes de estos capitales se les puede imponer una sola coutribucion directa, esas contribuciones serian de reparticion, decir, que la suma total se fijaria de antemano y se iria repartiendo eutre las provincias, los departamentos, las subdelegaciones, etc., en proporcion del capi- tal inmueble, mueble, comercial, industrial y profesional de cada una de esas divisiones y entre 】08 contribuyentes en proporcion de BUS haberes y rentas. Se aboliria el derecho de alcabala y se esten- deria el irapuesto territorial a las propiedades urbanas cuya escep- cioQ no tiene razon de ser. Se abolinan las pateates, impuesto UQico, desigual e inmificiente quo pagan lioi dia el comercio y la industria.

^Pero de que medios uos serviremos para llegar a conocer el capital y renta de la materia imponible? Es empresa dificii en efecto cuando solo se emplea el sistema de las declaraciones y no se hace preceder este de otras operaciones que dan a la adminis- tracioD los medios de comprobar y completar aquellas.

Para conocer la renta territorial, por ejemplo, se obligaria a los propietarios a inscribir los contratos de arriendo que escediesen de cierta cautiaad y de cierto tiempo, las herencias, los legados y do- naciones de inmuebles. Estos documeiitos, unidos a las inscripcio- nes de hipotecas y a las de compra-ventas, dariau al cabo de cor- to tiempo, elemeutos suficieiites para llegar a conocer de uu uiodo

KSTUDIOS SOBRE LAS CONTRTBUCIONES DIRECTAS. 5

luiii aproximativo el capital y la renta inmobiliarios del paifi.

A loR comerciantes e industriales se obligaria a inscribir sus contratos do asociacion y a declarar el capital que tienen invertido en su industria y comorcio.

El impiiesto sohre la fort-una niueble lo pa^arian todos aquello8 que no estuviesen inscritos en el rol de las contribuciones an- teriores y que pagase un canon por su habitacion que escediese de cierta suma, 'siima que seria fijada en cada 】ocalidad por las mrniicipalidades para averiguar y fijar este impuesto no poana- mos servirnos sino de las declaraciones de los contribuyentes, y en nuestros ccntros de poblacion pequenos no sucederia lo que en Europa, clonde es tan facil ocultar una gran parte de la fortuna mueble. El alquiM, de las casas y los objetos de lujo como servi- dumbre, carniajes y cahallos, y las penas pecuniarias que en otros paisQS como Inglaterra y Alemania se imponen a los falsos decla- rantes, facilitari<an a 】a administracion la averignacion de la ren- ta mueble.

Los impuestos, asi organizados, mejorarian tambien los presu- puestos municipales. Entouces se supriminan todas las contri- buciones locales y se impondria al capital de las cnatro contribu- ciones directas im tan to por ciento mas on proporcion de las necesidades raimici pales: asi gozarian del impuesto integro, lo que no sucede hoi dia porque los gastos de administracion y per- cepcion absorhen las dos terceras partes de la renta recaudada. Entonces, esos gastos serian insignificantes siendo hecha la recau- dacion por los empleados del fisco.

Las reformas radicales de hacienda suscitan siempre una cues- tion grave, la de oportunidad, pero si esa cuestion es de gran peso en los paises envejecidos bajo un rejimen economico, pierde mucho de 8U importancia en laa sociedades nuevas que carecen de insti- tuciones, que tienen necesidades mucho mas limitadas, impuestos poco gravosos, ausencia de costumbres arraigados, personal admi- nistrativo poco numeroso, sin graves intereses politicos a los cua- les se tengan que sacrificar los otros intereses del pais, en fin, re- laciones comerciales, industriales y agricolas- poco complicadas. Si a estas razones agregamos el periodo de paz que nos promete el actual estado del pais, la popularidad de la nueva administra- cion y las nrjentes necesidades del erario, quedaremos convenci- dos de (|fie ha Uegado el momento de realizarlas. En materias de luicienda no hacer nada es peor que hacer mal, pues con el

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UEVISTA DE SUD-AMERICA.

transcurso del tiempo Iran aumentaiidose las dificultades y lo8 tropiezos, e iran* desapareciendo una a una las condiciones que hoi dia son favorables.

Creemos que el mejor medio de preparar esas reformas es es- parcir, vulgarizar lo mas posible el conocimiento de los sistemas de hacienda de los paises mas adelantados. Erg resultado no se conseguiria talvez tratando esas cuestiones de un modo jeneral y teorico, pues en las sociedades nuevas se ven mas las dificultades que las facilidades de una obra: pero el deber de nuestros pueblos republicanos y pobres no es imitar a los otros servilmente niilos mimados de la fortuna, debemos escarmentar de sus errores para evitarlos, seguir sus aciertos para engrandecrnos.

Empezaremos esta tarea esponiendo el sistema de las contribu- ciones directas en Francia, dejando a un lado el impuesto perso- nal, contribucion injusta que pide 】a misma cuota al artesano y al capitalista, y poco productiva en un pais de corta poblacion. En cuanto k las contribuciones indirectas solo nos ocuparemo8 de las Aduanas cuya organizacion puede contribuir ai perfecciona- miento de las nuestras, sobrc todo en lo que toca al servicio de comprobacion. Incontestablemente la Francia es el pais de Euro- pa que posee la contabilidad mas perfecta. Concluiremos este tra- bajo esponiendo, del modo mas estenso posible, el sistema de con- tabilidad lejislativa, adrainistrativa, judicial y de algunas conta- bilidades especiales.

Careciendo aun de los conocimientos suficientes sobre la orga- nizacion de nuestra hacienda seremos mui sobrios de reflexiones personales y solo contentaremos por ahora con hacer un trabajo de esposicion.

Adriano Blanghet.

EL PADRE FRAI MELCHOR MARTINEZ.

BIOGRAFIAS DE AMERICANOS.

EL PADRE FSAI HELCHOB MARTINEZ,

HISTORIADOR DE CHILE.

(Conclusion Vfiase pijina 747, T. II.)

La eleccion de Ossorio era, sin embargo, mui acertada beijo otros puntos. El padre Martinez era un hombre observador que habia comprendido mui bien el movimiento revolucionario que se desarrollo delante de bus ojos, las tendencias de los bandos politicos y el caracter de sus caudillos, y que poseia una singular laboriosidad y un espiritu de investigacion digno de un histo- riador. Inmediatamente comenzo a reunir sus recuerdos, con- sults los de los hombres que mas habian figurado en aquella epoca, obtuvo licencia para rejistrar todos los docnmentos, y en- cargo a Ossorio que pidiese al Peril todos los que alK se encon- trasen. Cuando ya hubo reunido una inmensa masa de apuntes J piezas oficiales, dio principio a los trabajos de coordinacion, por medio de una redaccion nencilla que pensaba retocar mas tarde.

Entonces vino •a palpar una nueva dificultad. La comision revisora nombrada por Ossorio era compuesta de chilenos, los caales debian tener cierta afeccion por algunos de los caudillos revolucionarios y temio que la censura de estos pudiese hacerse publica, V comprometerlo personalmente delante de una parte quiza mui considerable de las familias que componian la sociedad chilena. Este pais, aaemas, estaba todavia espuesto a nuevas conmociones, de modo que habian otros mctivos que bajo este as- pecto embarazaban al escritor que no tuviese toda la valentia ne- cesaria para esponer francamente sus convicciones. Al cabo de pocos meses, el padre Martinez habia avanzado mucho en este trabajo pero entonces se penetro de que ni el tiempo ni el lugar en que escribia eran los mas aparentes para trazar una historia con toda independencia. Con fecha de 11 de diciembre de 1815,

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REVISTA DE SUD-AMEBICA

dinjio una solicitud al presidente Ossorio, a fin de que pidiera al rei el permiso para volver a Espana, en donde podria concluir la memoria historica de una manera conveniente.

Para obtener este permiso se necesitaba remitir a la metropoli algunos documentos que probasen qua el solicitante habia serWdo en las misiones de la Araucania el tiempo prescrito por los re- glamentos del caso y aim asi era neoesario que el monarca o ens ministros mirasen con interes esta solicitud para que despachasen prontamente la licencia. Todo esto exijia tiempo pero antes que pudiese Uecrar la licencia, nuevos ocurrencias vinieron a dis- traer al historiador y a preocuparlo con otros afanes de mui di- verse jenero.

En los ultimos dias de 1815 Uego a Chile el mariscal de campo don Francisco Marco del Pont, nombrado sucesor de Ossorio en el mando de la oapitania jeneral. Desde luego llamo a su lado al padre Martinez en calidad de miembro de una camarilla de consejeros de que se rodeaba. A ellos consultaba Marco sobre los planes de gobierno y las medidas rail i tares que debia tomar con- tra los amagos de una invasion capitaneada por San Martin. El padre Martinez hallo en esas reuniones de atacar a los insurjentes de Mendoza antes que ellos iiivadiesen a Chile, y trato de persua- dir al presidente a que adoptase este partido como el unico que podia salvar a este pais de ser nuevamente presa de la revolucion y el trastorno. Marco, inmensamente mas inepto que su anteoe- 8or, no se atrevio a dar paso alguno a este respecto, se dejo enga- fiar por las astucias de San Martin y de sus ajentes, y no pndo defender el territorio chileno de la anunciada invasion.

En aquella epoca llegaban dia a dia al palacio del presidente mui variadas noticias, acerca de los aprestos que San Martin ha- cia en Mendoza. Este mismo hacia llegar a sus oidos los avisos mas estravagantes y contradictorias para mantenerlo en continua alarma, y acabar por confundirlo. En octubre de 1816, se anun- cio de UQ modo positivo que el jefe insurjente habia celebrado un parlamento con los indios pehuenches que habitan los campos del 8ur de Mendoza, para pedirles el permiso de pasar por sus tier- ras, porque pensaba invadir a Chile por aquel punto. Deciase, ademas, que San-Martin tenia hechos todos los aprestos necesarios para acometer esta empresa y pasar el rio Diamante, que corre por aqiiellos campos, y que trataba de avenirse con los indios amiicanos a Hii do uliarse eon ellos.

EL PADRE FRAI MBLCHOR MARTINEZ.

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Inmediatamente, Marco se propuso entrar en comunicacioDes con los pehuenches para descubrir la verdad de estos anuncios, y tomar las precauciones necesarias. Para esto, encargo al padre Martinez, como hombre sagaz y cbnocedor del caracter de aque- Uos salvajes, que fuese a aituarse a Curico, y que desde alK enta- blase comunicaciones con los indios del otro lado de la Cordillera. "Se anuncia, decia Marco a sus subalternos que mandaban en el territorio comprendido entre los rios Bapel y Maule, que el go- bierno de Mendoza por medio de los indios de su frontera inme- diata y Maalahue, intenta confederar a las demas reducciones de pehuenches y de los butalmapus de la Concepcion, y que queria intenten otras escursiones por aquella parte, mediante haber apostado preparatives de puentes al rio Diamante. Para eludir estos designios, es necesario redoblar nuestras intelijencias con los indios, asegurando la adhesion de los de nuestra frontera, y atrayendo a los de Mendoza esta debe ser obra de la sagacidad y GonocimientoB personales para la buena eleccion de emisarios, j movimiento de todos los resortes conducentes con el mayor sijiio, y adecuadas precauciones, esforzando con agasajos a los caciques e indios de mas influencia en sus aillegues y mas propios para aiiundir entre ellos el concepto ventajoso de nuestras fuerzas, justicia de la causa y mayores conveniencias para ellos que deben esperar de nuestra amistad y servicio, antes que los insurjentes que luego desapareceran y sufriran mii danos de la venganza que tomara contra ellos el gobierno de Chile: de la direccion de este plan, vfi, encargado el relijioso misionero frai Melchor Martinez, que posee el amor de Iob indios, noticias de la tierra y prudencia para la mejor combinacion de circunstancias. En su consecuen- cia, le he comisionado con este objeto, dandole mis iustrucciones : oigalas Ud. y ponga en pjanta lo que mutuamente acordaren, conviniendo las operaciones con los demas comandantes inmedia- tos del paralelo de la banda oriental enemiga de la cordillera, y deme continuos partes de lo que sobre esta importancia se fuere adelantando."

De nada le sirvieron en esta vez al padre Martinez su natural sagacidad y el conocimiento del caracter de los indios con quienes tenia que tratar. El jefe eneraigo era sobrado h&bil y astute para tramar una intriga con todo el pulso posible. Habia tenido, en realidad, una larga conferencia con los caciques pehuenches, en que les anuncio que pensaba invadir a Chile por su propio terri -

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torio si elTos le concedian el permiso, y los faabia enganado per- fectamente a este respecto. Inutil fue que el padre Martinez se diese todo jenero de trazas para descubrir los proyectos del astuto jeneral insurjente: desde Curico remitio varies espias para arran- car la verdad a los indios pehuenches; pero todos sus esfuerzos fueron estenies y vanos. EUos se impusieron por sus propios ojos de que los fuertes del sur de Mendoza estaban mal guarnecidos, y de que no existian los aprestos de puentes para pasar al rio Dia- mante de que tanto se habia hablado pero fueron informados por los mismos indios que efectivamente San-Martin trataba de inva- dir a Chile por aquellos lugares. ((Mis espias supieron, escribia el padre Martinez el 19 de noviembre en Curico, que la espedicion que debe venir a Chile esta dispuesta para pasar la cordillera por la pascua de natividad, y que vendr4 al mando de don Bernardo O'Higgins; pero que su transito sera por el boquete de An- tuco paralelo a Concepcion." Despues de otros trabajos igual- mente infinictuosos, el padre Martinez dio su viielta a Santiago a fines de aiciembre de 1816.

En esa epoca, la dominacion espanola en Chile tocaba a su fin. No es este el lugar de referir el paso de los Andes por el ejercito de San-Martin, ni la batalla de Chacabuco, que puso termino al gobierno de Marco pero 8i es precise recordar que los mas fieles partidarios del gobierno espanol y los restos del ejercito realista 8alvados en aquella Jornada, marcharon en desordenada friga a Valparaiso, y que alii se embarcaron sin orden ni concierto con rumbo al Callao. Frai Melchor Martinez, que tenia contraidos mui graves compromisos con los mandatarios de Chile, siguio los pasos de los lujitivos, y fue tambien a buscar un asilo en el virei- nato del Peru.

En Lima residia entonces el brigadier Ossorio en calidad de comandante jeneral de artilleria. A su lado se acojio e】 padre Martinez, y vivio en su propia casa hasta que el virei Pezuela or- ganizo a fines de 1817 una nueva espedicion realista destinada a reconquistar a Chile. Como Ossorio debia mandar el ejercito espedicionario, frai Melchor Martinez tiivo que aceptar el puesto de capellan militar. Su buen juicio, su conocimienfco pr&ctico del territorio chileno y de sus habitantes, y su acendrada fidelidad a la causa del rei, eran cnalidades mui importantes que lo consti- tuian en un utilisimo consejero.

El padre Martinez se hallo siempre al lado de Ossorio en la

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campana de 1818, que toco a su fin en la memorable batalla de Maipo^ el 5 de abril. En este dia se encontro en el sitio del corn- bate y cuando vio que la suerte de las armas se mostraba esqui- va con el ejercito realista, el se ofrecio al jeneral para conducirlo por caminos estraviaaos, y salvarlo de caer en mano de los ven- cedores. A las tres de la tarde, antes que la batalla estuviese oompletamente perdida, frai Melchor Uevo a Ossorio por senderos que el conocia, hasta Uegar a la cuesta de Praao en el camino de Valparaiso. Atraveso esta cuesta, y asi que se hubo hallado al poniente de ella, siguio su marcha por el espacioso valle del sur hasta Uegar a Melipilla, en donde los lujitivos hicieron una frugal comidal. El siguiente dia, Ossorio se encontro en la hacienda de Bucalemu, de donde pudo seguir ru marcha hasta Concepcion, sin ser mui molestado.

Al padre Martinez le cupo mui diversa suerte. Las partidas volantes del ejercito vencedor que se estendieron por aquellos campos lo apresaron en la misma hacienda de Bucalemu y lo tra- jeron a Santiago algunos dias despues. Aqui permanecio detenido con sua companeros de infortunio hasta que en compania de ellos tambien fiie remitido a San Luis en calidad de pnsionero de guer- ra. Merced a la jenerosidad de im compatriota suyo, don Bafael Beltran, que le dio letras de credito para un comerciante espanol de Mendoza, el padre Martinez pudo contar en el presidio con los ansilios necesarios para su mantencion.

En el presidio de San Luis permanecio frai Melchor hasta prm- cipios de 1820, en compania de muchos jefes y oficiales del ejercito realista de Chile. En esta epoca, un vecino de Mendoza, don Agustin Moyano, consiguio permiso para llevarlo a su casa de campo, situada a inmediaciones de este pueblo, en calidad de ca- pellan. El padre Martinez vivio alii pobremente, sin abusar de la jenerosidad de sus protectores, y contraido al cumplimiento de BUS deberes sacerdotales y a la leotura de los poco's libros asceticos que podia encontrar a la mano. En este tiempo compuso una peqaena obrita de meditacion sobre el Padre nuestro.

El padre Martinez vivio en Mendoza algunos aiios mas. Alii lo conocio en 1825, el nuncio apostolico Mazzi cuando pasaba a Chile, y el secretacio de este, Salusti, que lo tra/o con bastante familiaridad, le ha consagrado un recuerdo en la relacion del mje. Posteriormente, el padre Martinez consiguio pasar a Bue- nos-Aires y embarcarse alii para Espana, en donde al fin vino a

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encontrar descanso que inutilmente buscaba desde tantos afios atras. Estableciose en Burgos, obtuvo el destino de capellan de un monasterio, y Uevo una vida modesta y tranquila, aunque no libre de los achaques de sn edad avanzada. Las enfermedades, sin embargo, no 】e impidieron consagrarae al cultivo de la litera- tura historica a que habia tornado una verdadera pasion. En Burgos se ocupo en redactor por sus recuerdo.s una relacion de todos los sucesos de la revolucion chilena, desde sus primeros tiempos hasta 1820. Se asegura que era tan grande el merito de esta relacion que cuando los ministros de Fernando VII manda- ron escribir la historia de la revolucion hispano-americana en 1829, hubo muchas personas que indicaron a frai Melchor como el hombre mas a proposito para Uevar a cabo una obra de esta naturaleza, pero el antiguo misionero de la Araucania no tenia titulos delante de los palaciegos, j la comision fue confiado a don Mariano Torrente, hombre laborioso y apasionado, conocido ya por otros trabajos literarios y que gozaba de los favores j protec- cion del rainistro Calomarde.

Este contraste, con todo, no lo desalento. El padre Martinez, impedido asi de hacer una obra que debia darle reputacion e im - portancia, trato de publicar su relacion historica con el ausilio y ayuda de varias personas que habian figurado en los sucesos cle Chile pero, para colmo de su desgracia, estos 】e negaron ]a pro- teccion que les pedia y dejaron que aquel libro, que talvez posee un gran mento, quedase inedito. Hasta ahora, solo es conocido por lo que acerca de el dice el historiador Torrente en el prologo de su "Historia de la revolucion hispano-americana. ' '

Fue esta la ultima decepcion que suino el padre Martinez. Despues de este postrer desengaiio, hastiado por tanto contra- tiempo y gastado por la perdida de 8U salnd, frai Melchor murio por los anos de 1840. Su vida habia sido un tejido de sufrimientos tisicos y morales, en la cual hi algUna vez se dejo ver alguna risue- na esperanza, fue solo para desvanecerse al poco tiempo despues.

La linica muestra historica del padre Martinez que conozcamos, es la Memoria que comenzo a escribir por encargo del presidente Ossorio. Es esta una relacion minuciosa de todos los sucesos de nuestra revolucion desde sus primeros dia's, hasta principios de 1814, en que se encuentran asignados infinitos hechos con sus de- talles y pormenores, aDovados y justificados en documentos quo el autor se proponia intercalar en el testo.

KL PADRE FRAJ MELCHOR MARTINEZ.

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De la lectura de esta memoria se deduce claramente que todo cuanto conocemos no es mas que un borrador que el autor pensaba correjir y completar antes de darlo a la prensa, o de remitirlo al monarca espanol, para quien Hscribia. A pesar de esto, esos sim- ples apuntes revelan el caracter y el gusto del escritor, y dan a conocer regularmeiite hus meritos y defectos. De ellos se infiere que el padre Martinez, si bien escribia con bastaate claridad, dis- taba muclio de manejar el lenguaje, con gracia o soltura, y que desconocia absolutamente el verdadero estilo historico. En su memoria, la narracion es sumamente pesada e indijesta : los hechos estan contados de ovdinario en im regular orden cronolo- jico, pero espuestos eu tropel, sin detenerse un poco en los mas importaDtes y cmi sin que le merezcan al autor mas pausa y me- 8ura que los incidentes mas insiguificantes. El logrado motin de Figueroa, per ejemplo, lo ocupa tan to oomo la noticia de un sermon que el autor habia oido predicar.

Frai, Melchor, en efecto, era mucho mas pensador que literate y que escritor. Su relacion, tan imperfecta como es, esplica algu- uas veces lo8 sucesos con aquel colorido que solo dan los testigos presenciales, y revela los hechos y los caracteres con gran exact tud Y verdad. Sus apreciaciones sou de ordinario mui justas, y los retratos de los personajes, aunque severos o induljentes segun fiieron amigos o enemigoH, tienea un golpe de luz que nos los dan a conocer casi completamea te . Ea la lectura de la memoria, se conoce mui bien que su autor comprendia bastante el movi- miento revolucionario que He habia desarroUado a su vista, y que conocia a fondo el caracter de los hombres que habian figurado en el. Pero dominado por la pasion, cegado por su lealtad al rei de Espana, el ha Uegado a estraviar su juicio en ciertos puntos mui importaates de su obra. EI censura amargamente a la revolucion, aunque parece convenir en que este era un suceso necesario e ine- vitable.

En este sentido, cada una de sus pajmas ea una diatriba contra los revolucionarios chilenos. Facciosos y perversos son los epite- t08 que les prodiga de ordinario y descarga sobre ellos golpes de todo jenero. El autor los somete a un juicio escrupuloso, refiere todoK sus hechos, y Igh censura tambien cuanto hicieron. La li- bertad de los hijos de esclavos que uaciesen en Chile, sancionada por el congreso en 1811, la liber tad de comercio, Jecretada por la priniora junta srubernativa en aquel afio, la dotacion de par-

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rocos y mil otras medidas de indisputable utilidad, le merecen UQicamente las mas amargas criticas. Mientras tanto, los realis- tas todos, aun aquellos que comprometieron torpemente la causa del rei de EspaSa, han alcanzado alguna justificacion en su obra.

A pesar de esto, la memoria del padre Martinez no adultera los hechos. Su pasioD resalta a los ojos del observador menos espe- rimentado, porque consiste mas en la forma que en el fondo de la historia. Muchas de 8us apreciaciones sobre las desavenencias de los revolucionarios chilenos y sobre los caudillos de fistos poseen una exactitud incontestable, y pueden servir de seguro luminar a los historiadores futures.

El padre Martinez trabajo con documentos de toda especie, y supo sacar gran provecho de ellos. Su relacion, apoyada siempre en algunos de esos documentos, posee bajo este punto de vista un merito particular. Despues de la derrota de Bancagua y de la victoria de Chacabuco, los patriotas primero y despues los realistas saquearon los archives ptiblicos para sustraer todas aque- Uas piezas que podian comprometerlos ante los vencedores. Con estas piezas se ha perdido una rica y abundante fuente de noticias historicas que solo podia reponer un testigo ocular de los sucesos a que ellas se referian y esta ha sido en gran parte la mision del padre Martinez. Con la ayuda de los documentos que quedaron en la secretaria de gobierno y en la de cabildo, el pudo descubrir muchas cosas pero sus propios recuerdos, y los de innumerables personas, a quienes consulto empenosamente, le fueron de la ma- yor utilidad. Su relacion ha venido a suplir en gran parte la falta de aquellos documentos.

Gran fortuna ha sido que se haya conservado la apreciable me- moria del padre Martinez en vez de oorrer la suerte desgraciada que ha cabido a muchas de las relaciones y diarios manuscritos del tiempo de la revolucion. Cuando entraron a Santiago los ven- cedores de Chacabuco, encontraron en el palacio de Marco un vo- luminoso cuaderno mauuscrito que formaba el borrador autografo de esta obra. O'Higgins guardo con particular aprecio ese cua- derno ; J en 1818, siendo ministro de estado don Antonio Jose de Irisarri, se hizo sacar una copia para ser depositada en la Biblio- teca nacional , uniendole todos los documentos que est&n encua- dernaaos en un mismo volumen con la memoria pero, aunque ejecutada con bastante esmero, esa copia tiene varies defectos, al- gunos de los cuales son de mncha consideracion . He tenido cui-

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